Anoche me asomé por la ventana
buscando el aire y la tormenta lejana
y escuché de fondo una canción
alegría, constancia e ilusión.
Luces rojas, que las esperas de faena
saben mejor si merece la pena.
Voces doradas, libres y felices,
por juntas una vez y mil matices.
Fue su canto de libertad y futuro,
sin edad, pese a todo y seguro
fueron servidas tales alegranzas
que de la historia caben esperanzas.
Y si gustáis de combinar
malos días para cenar;
den su suerte, cierre travieso,
para acabar, una de mero y queso.
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